Amaia.
Gael observa el lugar a mi lado, pero desvía sus pasos hasta el sillón contiguo. Tiene la cabeza gacha, incluso parece un tanto dócil, no me ofrece la misma mirada que de costumbre.
—¿Estás bien? —vuelve a preguntar con aquella voz grave que a veces puede parecer un refugio y otras más el filo de una espada cruel.
Asiento.
—El médico dijo que mi herida está sanando bien, así que no tienes por qué preocuparte.
—Bien…
No me mira, sólo lleva su mano a la nuca, como si tuviera un dolor