Capítulo veinticinco: Enfrentando al esposo.
―Muy bien, que espere ―dije.
Seguí disgustando las papitas mientras veía a Williams perder la paciencia por la impuntualidad. Ya pasó más de media hora y me importaba un rábano. Dejé que la radio reprodujera cinco canciones más antes de salir del coche. Sola.
Ningún guardia se encontraba acompañándolo, por lo cual, yo tampoco necesitaba protección. Y estábamos en un lugar público. Los guardias de Austin quisieron protestar, mas no se los permití.
Crucé la calle y me adentré en el restaurant