Capítulo veinticuatro: divorcio.
Las venas me palpitaban al pensar en la reacción de Austin. ¿Qué expresión haría? Lastimosamente, no supe, porque me marché sin mirar atrás. Me subí al coche que pensé era el que me correspondía. Había dos hombres vestidos de negro en los asientos del frente. Me saludaron y se los devolví.
No tuve que decirles mi destino, ellos ya se habían puesto en marcha. Las manos me sudaban al recordar a dónde iba. Me enfrentaría al hombre con el que me casé, con el que compartí cama por más de cinco añ