Capítulo veintiséis: auto cinema.
Con las chucherías que brindó Austin, disfrutamos de un buen festín en el auto cinema. Lastimosamente, yo no contaba con dinero en aquellos momentos, para comprarme una gaseosa. Ni siquiera sé donde fueron a parar los dólares que conseguí al vender mis joyas. La docena de guardias se encontraban en el lugar, disfrutando de la película en blanco y negro. Era cómica.
El chucherías y El parlanchín no dejaban de reír.
―A propósito, ¿cómo se llaman?
―Yo soy Kevin y él es Enrique ―dijo El chuchería