Guillermo se quedó en silencio sumido en sus pensamientos, tenía puesta su mirada hacia el horizonte, donde el mar se unía con el cielo en un juego de azules y grises. No podía creer que, de alguna manera, estaba viviendo la misma historia que le había pasado con Grecia, pero esta vez con la mujer de la que se había enamorado con todo su corazón. Las olas chocaban contra la playa, haciendo un sonido suave que parecía reflejar el caos que ambos llevaban por dentro.
Monserrat, por su parte, mir