El ambiente era tenso en la oficina, Grecia estaba ansiosa por saber cual era la verdad detrás de lo que sabía Ernesto. La luz del sol se filtraba a través de las ventanas, iluminando los documentos esparcidos sobre la mesa. En el aire, se sentía una mezcla de ansiedad y determinación. Grecia, con una mirada desafiante, cruzó los brazos sobre su pecho.
—¿Y bien, Ernesto? Estoy esperando una explicación —dijo con firmeza.
Ernesto, visiblemente nervioso, tomó un respiro profundo.
—Muy bien,