—¿Interrumpo? —dijo Úrsula, con una expresión de picardía que sorprendió a Grecia y Ernesto, quienes se separaron al instante. Sin embargo, Grecia se sentía atrapada a pesar de no haber hecho nada malo.
—¿Qué haces aquí, Úrsula? ¿Y por qué entras sin llamar a la puerta? —preguntó Grecia, con su voz temblando de nerviosismo y molestia, pero especialmente hacia Ernesto, que era el responsable de todo.
—Vine a traer el café que ordenó señora—respondió Úrsula en tono irónico, encogiéndose de h