Guillermo había llegado al restaurante muy temprano, ansioso por la reunión con algunos proveedores y por supervisar personalmente el trabajo de Úrsula. Sin embargo, su mente estaba atrapada en el recuerdo del beso que había compartido con Grecia. Para él, ese momento había sido un gran paso, uno que lo llenaba de alegría y esperanza, deseando que las cosas entre ellos pudieran cambiar para bien.
Su entusiasmo era evidente, y Mercedes, al verlo así, no pudo evitar comentarlo.
—Te veo radiante,