El licenciado Burgos, la mano derecha de Armando Ripoll durante muchos años, se había ganado la confianza del patriarca de la familia. Armando lo había nombrado albacea de su fortuna, confiando en que su imparcialidad y profesionalismo garantizarían que su legado se administrara de manera justa y eficiente, sin que los miembros de la familia pudieran tocar el dinero directamente. En el despacho, se respiraba un ambiente lleno de tensión, y todos los presentes esperaban ansiosos las palabras que