El Cuervo y Susana estaban sumidos en la desesperación al ver que estaban acorralados, se les estaba acabando los medios de supervivencia, y no iban a poder estar mucho más tiempo escondidos en ese hotel de mala muerte. En medio de su acalorada discusión, se sintieron en peligro cuando, de repente, el golpe en la puerta se escuchó con fuerza. Ambos se miraron abriendo los ojos de forma exagerada, mientras el miedo se reflejaba en sus rostros. Comenzó a invadirlos el miedo de quien podía ser,