El ambiente en la oficina era tenso, y Ernesto estaba sorprendido al escuchar la inesperada determinación de Guillermo.
—¿Estás seguro de esa decisión, Guillermo? —insistió Ernesto, incrédulo.
—Sí —respondió Guillermo, con un tono de voz firme pero cargada de emoción—. Después de enterarme de mi enfermedad, no tengo nada más que perder. Además, Grecia es la mujer que más amo en la vida. No tengo más familia que ella y el hijo que espera.
—Pero ese hijo no es tuyo, Guillermo. Deberías reco