Luis Fernando caminaba de un lado a otro de la enorme sala, frotándose las manos y llevándoselas a la cabeza. Realmente estaba muy preocupado por Laura.
“Esto es mi culpa” —se decía mentalmente, asomándose a través de la ventana para ver si la veía llegar—. “No debí casarme con Laura amando a Grecia; le estoy haciendo mucho daño y ella no se lo merece.”
—Vas a abrir un hueco en el piso, Luis Fernando —le dijo Greta mientras bebía una taza de café—. ¿Se puede saber qué te pasa que estás tan