Grecia salió de la habitación a toda prisa, llevando el diario en sus manos. Estaba deseosa de contarle a Guillermo sobre su fatal descubrimiento. Cuando llegó a la sala, se cruzó justo con él, que también la estaba buscando.
—Bonita, por fin te encuentro. ¿Dónde estabas? Te he buscado por toda la casa—preguntó intrigado.
Grecia estaba agitada, su respiración se aceleraba cada vez más. Miró a Guillermo a los ojos, y su expresión denotaba su nerviosismo.
—Guillermo, necesito que hablemos.