Grecia subió a la habitación principal la cual compartía con Guillermo desde su matrimonio, un espacio que en algún momento había sido testigo de su entrega, pero en donde ahora no existía intimidad. Al cruzar la puerta, se quedó paralizada al ver a Guillermo sentado sobre el muro del balcón. Su figura, frágil y encorvada, parecía cargar con el peso de un dolor insoportable. La tenue luz apenas iluminaba su rostro, pero sus ojos, hundidos y llenos de desesperación, reflejaban un abismo de sufri