Fernand era un hombre astuto y con mucha más experiencia que Michelle; podía ver a través de una estudiante de universidad con facilidad. La observó con calma y percibió en su rostro el mensaje: «Le tengo rencor a Isabella. Quiero hacerle daño».
Él, por su parte, estaba dispuesto a arrasar con mil inocentes antes que dejar escapar a un enemigo real. Dado que el dueño de ese peine pudo haber escuchado su conversación aquel día, no podía permitir que esa persona viviera tranquila.
Mientras Michelle seguía hablando, Fernand intervino con incredulidad: —Dices que soy el único para ella. ¿Cómo es posible que se lleve tan bien con otros chicos? ¡No me mientas!
En cuanto Michelle comprendió que tenía una oportunidad, sacó el teléfono y abrió una carpeta con fotos que había tomado esos días. Había muchas imágenes: Isabella con diferentes hombres —Alexander, Simon, James, incluso un asistente de dirección de mediana edad—. Había elegido ángulos y encuadres que sugerían intimidad entre la chica