Estaba segura de que Alexander no tenía a nadie más.
Y, aun si la tuviera, no importaría.
Pero si alguna vez lo ocultaba… Isabella sabía que no podría garantizar lo que haría.
Alexander veía en ella el mismo fuego que ardía dentro de el.
Eran iguales.
Dos almas intensas, dominantes y posesivas, destinadas a chocar con cualquiera que no fuera el otro.
Por eso, solo podían pertenecer el uno al otro.
Si alguno de los dos se involucraba con alguien más, el resultado sería un desastre.
Alexa