capítulo 290

William estaba abatido. Sentía una profunda compasión por Isabella, pero no quería añadir más peso a su angustia.

Por eso, habló con tono serio y controlado:

—Encontré las hierbas que me pediste. Las dejé en el quirófano.

Isabella se levantó de inmediato, una chispa de esperanza encendiendo sus ojos cansados.

—Voy a verlas —dijo con prisa, su voz temblando entre el miedo y la determinación.

Mientras corría hacia la habitación contigua, William la observó con un nudo en el pecho.

Suspiró p
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