Bajo aquellas miradas insoportables, Sabrina bajó la cabeza y, evitando cruzar la vista con nadie, pasó entre ellos hasta regresar al dormitorio.
Lo primero que hizo fue encender la computadora y tratar de eliminar el video de Internet.
Mientras lograra destruir esa evidencia, pensó, nadie podría responsabilizarla, aunque lo intentaran.
Sin embargo, el video no se borraba, por más que lo intentó una y otra vez —no menos de diez veces—.
El archivo había sido encriptado con un código especial