Y no estaba sola.
A su lado, Sabrina estaba en cuclillas frente al bote de basura, sosteniendo entre las manos un trozo de papel arrugado y manchado.
Era el borrador del vestido que Isabella había diseñado especialmente para ella, aquel que Zenia había tirado hacía mucho tiempo.
Sabrina nunca se habría rebajado a revisar la basura… pero en ese momento no le importaba nada más.
Miraba el boceto con una expresión vacía y dolida, como si acabara de descubrir la prueba de su propia ceguera.