Al alzar la vista, se encontró con la sonrisa tranquila de Isabella, quien la observaba con los ojos entrecerrados, enmarcados por pestañas largas y delicadas.
Bajo la luz del escenario, esos ojos parecían brillar con una frialdad distante, una mezcla de calma y dominio que hacía que cualquiera se sintiera pequeño ante ella.
Solo una mirada bastó para que Sabrina se sintiera insignificante y avergonzada.
—Isabella… qué casualidad —murmuró, apenas capaz de hablar.
Quería sonar natural,