capítulo 230

Justo cuando estaban a punto de empezar una nueva discusión, la puerta se abrió.

Pensaron que Alexander había regresado, pero se equivocaron.

El que entró fue un joven apuesto, de cejas bien marcadas y ojos brillantes. Caminaba con paso firme, transmitiendo confianza y porte.

En cuanto George cruzó la puerta, sus ojos se posaron en Isabella, y le dedicó una sonrisa cortés.

—Perdón por llegar tarde —dijo con voz serena.

—¡Oye, George! —exclamó Gordon, saludándolo efusivamente con la ma
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