Se preguntó si las cosas habrían sido distintas si no hubiera sido tan codiciosa, si no hubiera querido conservarlo todo para sí.
Ahora, la relación entre ambas estaba rota, y eran prácticamente dos extrañas.
¿Y si…? pensó con pesar.
Pero enseguida se corrigió: No existen los “y si” en la vida real.
Lo hecho, hecho estaba.
Todo lo que podía hacer ahora era mantenerse al margen, sin volver a interferir en la vida de Isabella, aunque en silencio le deseara lo mejor.
Un hombre que pasaba la