capítulo 196

Ana sintió algo sospechoso y se dio la vuelta. Finalmente, Isabella la observó detenidamente.

Ana no lucía bien: su piel había perdido frescura, las enormes ojeras hundían sus ojos, tenía numerosos granos en la frente y los labios resecos. Se veía demacrada y perdida. Miró a Isabella sin comprender; le costó reconocerla.

Cuando Isabella vio a Ana así, soltó una risa maliciosa.

—Mírate —pensó—. ¡Qué desastre!

¿Crees que esto es lo peor?

¡Pobre de ti! Hay algo aún más terrible esperándote.

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