Si alguien le hubiera dicho a Adriana, antes de ese momento, que Isabella era Eziam, lo habría tomado como una fantasía más, una ilusión alimentada por la vanidad de la chica.
Pero ahora… después de descubrir que Isabella también era la prodigiosa Doctora Dónovan, Adriana ya no podía dudar.
Por primera vez, aceptó la verdad con un estremecimiento:
Isabella —su verdadera hija— era realmente excepcional.
¿De qué servía creer en ella ahora?
Aún aturdida, Adriana sacó su teléfono y buscó información sobre la diseñadora Eziam.
Como era de esperarse, las noticias sobre su identidad seguían en todas partes: hablaban de cómo había revelado su rostro al público.
Había pasado una semana desde el incidente, pero seguía siendo un tema candente.
Las redes seguían fascinadas por la apariencia de Isabella y, aún más, por su talento deslumbrante.
Bella, la muchacha a la que había despreciado, era Eziam, la diseñadora más admirada del momento.
Adriana sintió un nudo en la garganta, un sabor