Peppy rompió en llanto y la abrazó con fuerza, como si temiera que desapareciera en cualquier momento.
—Mamá… suéltame un poco, no puedo respirar —dijo Isabella rodando ligeramente los ojos.
Peppy se apresuró a soltarla y se secó las lágrimas, tratando de disimularlas.
En ese momento, Liam salió de la cocina con un delantal puesto y una espátula en la mano.
—Cariño, ¿quién está…?
Se interrumpió al ver a Isabella en el pasillo. Por un segundo su mente quedó en blanco. Corrió a apagar la estufa y volvió inmediatamente.
—¡Bella! ¿Por qué has vuelto a casa? ¿Tus padres lo saben? ¿Viniste sola? ¿El camino fue seguro?
La llenó de preguntas sin darle tiempo a responder, con el rostro cargado de preocupación.
Liam, que de joven había sido un muchacho rebelde y apuesto, se había transformado en un hombre responsable para ejercer como padre. Amaba a Isabella más que a nada en el mundo.
Ella lo miró con ternura y sonrió.
—Ya se lo conté. Solo quería verte. Ha pasado tanto tiempo… ¡te e