Su sola presencia iluminó el cielo para Alexander y encendió en él una pasión olvidada.
Apenas el semáforo se puso en verde, Isabella arrancó como un murciélago salido del infierno.
El Maybach de Alexander avanzó al mismo tiempo, y él la vio desaparecer al otro lado de la carretera, en dirección opuesta.
—¡Da la vuelta! —ordenó con ansiedad.
Jason, sorprendido por la reacción inusual de su jefe, casi perdió el control del volante. Jamás había visto a Alexander tan alterado.
—¡Apresúrate! —