No podía entender por qué era tan difícil encontrar un sucesor digno.
Alexander se marchó con indiferencia. Justo afuera de la casa, se topó con Christopher.
Christopher frunció el ceño al verlo.
—¿Por qué no hablas más con tu abuelo? —preguntó.
Había salido solo con la esperanza de que Alexander lo entretuviera un rato, para poder escapar del anciano.
Alexander lo miró con una mezcla de cansancio y resignación. Luego, con total calma, lo tomó del brazo, lo apartó del coche y se sentó él m