capítulo 138

Tomás se adelantó y la presentó con orgullo:

—Esta es mi hija, Isabella.

Las reacciones fueron variadas.

Algunos se mantuvieron impasibles, otros mostraron desdén, y unos pocos dejaron entrever arrogancia.

Cynthia, desde un rincón, pareció sorprendida, pero permaneció en silencio. No era el momento de hablar.

Uno de los presentes, con gesto severo, preguntó:

—¿Tomás, es esta la niña que trajiste del campo? ¿En qué estabas pensando? Tienes una hija de diecinueve años criada como una dama. ¿Por qué traerías a otra muchacha del campo?

Otra mujer intervino con desdén:

—Regresé al campo la última vez. Unos niños mugrientos detuvieron mi coche y me pidieron dinero. ¡Fue un chantaje! ¡Qué fastidio! ¡Odio el campo! ¡Y a esos niños sin modales!

La mujer lanzó a Isabella una mirada cargada de significado, como si la incluyera entre esos “niños sin modales”.

Alguien más añadió con sarcasmo:

—No seas tan dura. Aunque venga del campo, no parece una campesina. ¡Mírala, está mu
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