—Ya llegué —dijo ella suavemente—. Estoy descansando en mi lujosa habitación de hotel.
Solo le contó cosas simples, pero para Alexander aquello era suficiente.
Sus palabras le sonaban dulces, reconfortantes… como si el mundo recuperara su color.
Era como volver a los viejos tiempos: el cariño, las conversaciones, la sensación de estar completos solo al estar juntos.
Había pasado años viviendo una vida incompleta, y al fin la tenía de nuevo.
La voz de Isabella le devolvió la alegría. Aunqu