capítulo 118

—Ya llegué —dijo ella suavemente—. Estoy descansando en mi lujosa habitación de hotel.

Solo le contó cosas simples, pero para Alexander aquello era suficiente.

Sus palabras le sonaban dulces, reconfortantes… como si el mundo recuperara su color.

Era como volver a los viejos tiempos: el cariño, las conversaciones, la sensación de estar completos solo al estar juntos.

Había pasado años viviendo una vida incompleta, y al fin la tenía de nuevo.

La voz de Isabella le devolvió la alegría. Aunque aún sentía el peso de la distancia, ya no podía dejar de sonreír.

—Bueno, duerme —le dijo con ternura—. Intentaré terminar el trabajo lo antes posible.

Y escucha: no mires a ningún otro hombre allá, ¿de acuerdo? No importa lo guapos que sean.

Isabella estaba medio dormida, pero aún alcanzó a replicar con un puchero:

—¡No! Los miraré… miraré a los chicos guapos y también a las chicas bonitas. ¡Muérdeme!

Y colgó el teléfono antes de que él pudiera responder.

Sus párpados se cerraron ensegu
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