Por un instante, Diana quiso escapar, pero se dio cuenta de que era muy tarde.
Los niños saltaron a los brazos de su padre.
—¡Papito! ¡Papito! ¿Terminaste el trabajo antes? —exclamó Opal, abrazada a su padre.
Joaquín cargó a Opal, luego a Ónix, uno en cada brazo, sonrió al verlos, los abrazó, y les llenó de besos.
—Acabe mi trabajo, mis pequeños, todo lo que papi quiere en este mundo, es estar con ustedes, nunca los dejaría solos, recuerden que papito los ama mucho.
—Nosotros también te amamos,