Margot se levantó de la cama, sus ojos le miraban enormes, negó.
—No, no es cierto, por favor, Rodolfo, ¿Qué estás haciendo?
Él se acercó a ella, le mirò con tal odio que se estremeció.
—¿Crees que iba a olvidar como tu hermano mató a mi padre? ¿Crees que es fácil olvidar su penosa y dolorosa muerte? ¡Dime! ¿Eres tan tonta para pensar que te amaría?
Ella rompió en llanto.
—¡Eres tan cruel! ¿Diana lo sabía?
Rodolfo sonrió.
—¡Responde! ¿Diana es tu cómplice?
—No, sobre esto, no, Diana piensa que