Margot intentaba calmar a Vilma, quien seguía conmocionada por la repentina huida de Romina, la madre de Lola.
—¡Pobre de la niña! ¿Cómo pudo ser tan cruel? —murmuró Vilma, con el rostro marcado por el horror.
—Tranquilízate, Vilma. Ahora estás aquí y puedes hacer mucho más por ella —le dijo Margot, tomando su mano con ternura y firmeza.
Vilma cerró los ojos un instante, intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir. La culpa y la preocupación por Lola la atormentaban.
—Espero poder