—¿De verdad ya no estás seguro de la venganza? —exclamó Margot, sus ojos temblaban, su corazón también.
No podía evitar amar a ese hombre, pero él había desgarrado su amor, ¿estaba fingiendo? ¿Era real? Ahora ya no podía confiar en él.
Rodolfo bajó la mirada, sus ojos eran tan débiles, intentó acercarse y ella retrocedió.
Ver que ella se alejaba de él, lo hizo desesperar.
—Hay una guerra en mí, Margot, la peor guerra de toda mi vida, ¿sabes cuánto he sufrido? Nadie merece morir como mi padre mur