Días después.
Diana estaba vestida de novia, su hermoso vestido blanco parecía brillar con luz propia. Opal y Ónix, sus pequeños, la miraban asombrados, con los ojos tan abiertos que parecían dos estrellas resplandecientes.
—¡Mami, pareces una princesa de cuento de hadas! —exclamó Opal, su voz llena de admiración.
Diana sonrió al escucharlos, una calidez envolvente la invadió. Se miró al espejo, viendo no solo el reflejo de la novia que había soñado ser, sino también la madre que siempre había q