Joaquín estaba fuera de sí, su furia era palpable. Sin siquiera mirar a su alrededor, ordenó a sus guardias con un tono cortante:
—¡Llamen al abogado, ahora mismo!
Los oficiales lo escoltaban, pero Joaquín no podía aceptar lo que estaba ocurriendo. Se resistía a la idea de ser tratado como un criminal.
—¿Qué significa esto? ¡Soy un hombre inocente! —gritó, su voz resonando en los pasillos.
Uno de los oficiales lo miró con frialdad y respondió con indiferencia.
—Eso tendrá que aclararlo en la com