El murmullo constante de los aparatos médicos fue lo primero que Blair escuchó al abrir los ojos. Un leve pitido marcaba el ritmo de su corazón, y las luces blancas del hospital la cegaron momentáneamente mientras trataba de ubicarse. Parpadeó varias veces, sintiendo un dolor punzante en la cabeza que la obligó a cerrar los ojos con fuerza. Al incorporarse, un mareo le sacudió el cuerpo, y tuvo que apoyarse en la barandilla de la cama para no caer.
—¿Dónde estoy? —murmuró para sí misma, observa