Gabriel
Esto no debería haber pasado.
Se supone que conseguir la fianza es la parte sencilla, que luego con las pruebas la librariamos de todo, pero todo estaba saliendo mal.
El sonido de la puerta cerrándose tras de mí no consigue ahogar el eco del martillazo final de la jueza. "Se niega la solicitud de fianza".
Esa frase sigue rebotando en mi cabeza como si alguien la hubiera tatuado en mi cráneo. Salgo del juzgado con el pecho ardiendo, con las manos temblorosas. Me quito el saco con violen