53. ¿A qué estás jugando?
Catalina
No sabía que era posible sentirse tan cansada sin haber hecho nada.
El espejo que tengo frente a mí —más bien, un pedazo de metal pulido— me devuelve una imagen que apenas reconozco. La piel pálida, las ojeras marcadas, los labios secos y partidos. Me veo como me siento: derrotada.
Pero hoy no puedo rendirme. Hoy tengo que enfrentarme a él.
Me peino como puedo con los dedos. Me ajusto el uniforme de reclusa, ese que me recuerda cada minuto en dónde estoy. La ansiedad se me acomoda en el