39. No me afectas
Catalina
Estoy sentada en la sala del apartamento con un plato de dinosaurios, lleno de crema de auyama, en la mano y ojeras que ni el maquillaje más costoso logra cubrir. La camiseta que llevo tiene una mancha de helado derretido y el cabello lo tengo recogido con una coleta que parece resistirse a mi dignidad.
Samuel parece negado a terminarse la comida mientras que mira el programa infantil que están pasando por la televisión.
Estoy a punto de darme por vencida y ponerme a ver el programa con