Los días se siguen pasando para todos, en donde una calma extraña se instala sin que pueda dar algún presagio de lo que se viene.
Carlo está sentado en su oficina, concentrado totalmente en unos documentos, cuando su asistente entra corriendo y con voz de alarma, le dice.
—¡Señor, acaba de llamarme el chofer de su madre! ¡Los chocaron a cinco calles de aquí!
—¡Dime que es una broma! —salta de su silla, toma su teléfono y le marca a Carlota, pero no responde.
Sale corriendo, dándole órdenes a Henrietta para que haga ciertas cosas mientras él no está y se mete al ascensor. Llama esta vez al chofer, quien le responde adolorido y confirmando en dónde fue el accidente.
“A la señora ya la sacaron del auto, unos bomberos fuera de servicio lo hicieron. Estamos esperando a que llegue la ambulancia.”
—¿Cómo está ella? ¿Está consciente?
“Sí, señor.”
Es todo lo que pregunta y corta. Conduce todo lo rápido que puede y agradece que el tránsito esté cortado ya en esa dirección. Cuando ve el aglomera