Despertar con un hombre en su cama, para Rebeca no es una novedad. Pero tenerlo pegado a su cuerpo, con un brazo que pasa por debajo de su cabeza y la mano libre abierta en su vientre desnudo, eso… eso sí que es toda una novedad.
Y lo peor es que le gusta.
Porque todo lo que tiene ahí en ese momento es lo que la joven ilusionada quiso hace cinco o seis años atrás. Se remueve un poco para salirse de la cama, sin despertarlo, pero en cuanto se aparta solo unos centímetros, Carlo se despierta.
—Buenos días, ama… ¿cómo dormiste?
—Bien, creo que tu demostración de cuánto me extrañaste me dejó completamente aturdida.
—Imagino que eso es bueno, ¿verdad?
—Bastante… —ella se restriega en su cuerpo y sale de la cama de un salto antes de que él la tome para hacerle el amor otra vez—. Necesito ir al baño… y tú tienes que levantarte, tu nuevo amor debe querer salir de su cuarto.
Carlo salta de la cama cuando recuerda a Caramelo y ella abre los ojos porque parece más preocupado del gatito que de ve