Despertar con un hombre en su cama, para Rebeca no es una novedad. Pero tenerlo pegado a su cuerpo, con un brazo que pasa por debajo de su cabeza y la mano libre abierta en su vientre desnudo, eso… eso sí que es toda una novedad.
Y lo peor es que le gusta.
Porque todo lo que tiene ahí en ese momento es lo que la joven ilusionada quiso hace cinco o seis años atrás. Se remueve un poco para salirse de la cama, sin despertarlo, pero en cuanto se aparta solo unos centímetros, Carlo se despierta.
—Bu