Llega la hora del almuerzo y Carlo está terminando de leer el contrato, cuando llega a una de las cláusulas que le llama la atención. Su madre se ha marchado a ver algunos asuntos de la empresa en otro de los pisos y quedaron de reunirse en el restaurante para comer juntos, por lo que solo toma la tarjeta que Rebeca le dejó, la mira y respira profundo.
—Esto es solo por negocios… nada más que por eso.
Marca el número, espera con ansias y al quinto repique, ella responde.
“Señor Suárez, no pensé que me llamaría tan pronto.”
—Lamento importunarla, pero tengo algunas dudas con algunas de las cláusulas, ¿es posible que nos reunamos hoy para discutirlas?
“Déjeme hablarlo con mi asistente, normalmente él es quien maneja mi agenda.”
Carlo se queda esperando al teléfono, mientras que Rebeca se pone de pie para caminar a la terraza, con el teléfono en silencio, respira hondo con una sonrisa siniestra. Luego camina adentro, se va al cuarto, busca ropa cómoda y se cambia, sin el más mínimo apuro