Se pasan unos días, Ian sale de su último día de trabajo de la semana, con grandes felicitaciones de su jefa y deseándole un buen descanso, porque la semana que sigue será muy intensa.
—Existe una gran posibilidad de que te mandemos a Ciudad Alta —le dice la mujer mientras bajan el ascensor—. Queremos cerrar un trato con una de las mejores empresas de la ciudad. Tal vez lo conozcas.
—Puede ser… ¿Cómo se llama el cliente?
—Honorio Norambuena —Ian se atora con su saliva y su jefa se ríe—. Sí que lo conoces.
—Claro… casi se convierte en mi suegro, pero mi mejor amigo me sacó esa cruz de encima —la mujer frunce el ceño y Ian se ríe—. Se quedó con la que era mi novia, ella terminó conmigo por irse con él… mientras el desgraciado me consolaba.
—Wow… eso es muy… asqueroso. Mira, nunca me ha gustado mezclar los asuntos personales, pero esto es demasiado turbio. Si no quieres ir, te puedo reemplazar.
—No está bien… en realidad la única que haría que no vaya es mi mujer. Espero que lo entiendas