Una de sus manos cubre su boca y la otra va a su vientre. Ese hombre frente a ella lo está dando todo para hacer un matrimonio casi forzado lo más relajado y real posible.
Para hacerlo especial, algo que con Carlo no tuvo.
—Ian… —intenta decirle, pero no puede hablar, porque está demasiado conmovida.
—Andrea… no estoy enamorado, no tengo un sentimiento intenso hacia ti como para decir que te amo, y sé que te pasa lo mismo. Pero lo que sí siento es una admiración profunda, la gratitud enorme de que una mujer como tú sea la madre de mi primer hijo… y el deseo profundo de llegar a sentir por ti todo lo que mereces, nada menos que amor y veneración.
Andrea lo mira directo a los ojos, con una intensidad y algo más que no puede definir, ese hombre no le está jurando amor, porque no lo hay… al menos eso cree. Él mismo acaba de decirlo y no se siente ofendida, sino conmovida por su honestidad. Ian no le está prometiendo el cielo y la luna, solo le está proponiendo matrimonio con una sincerida