Una de sus manos cubre su boca y la otra va a su vientre. Ese hombre frente a ella lo está dando todo para hacer un matrimonio casi forzado lo más relajado y real posible.
Para hacerlo especial, algo que con Carlo no tuvo.
—Ian… —intenta decirle, pero no puede hablar, porque está demasiado conmovida.
—Andrea… no estoy enamorado, no tengo un sentimiento intenso hacia ti como para decir que te amo, y sé que te pasa lo mismo. Pero lo que sí siento es una admiración profunda, la gratitud enorme de