Carlo mira a su madre, intentando buscar la mejor respuesta para darle, pero es que ni siquiera le puede mentir, porque además de ser un detector de mentiras nato, también es probable que sepa todo y le está dando la oportunidad de hablar antes de matarlo.
La mujer, tan elegante como siempre, cierra la puerta con seguro y se acerca al sofá, en donde se sienta con una pierna cruzada y lo mira con intensidad.
—Habla, Carlo Ignacio. Dime qué le hiciste a mi querida Andrea para que se fuera.
—Yo… e