La manera en que le pide dormir con él, le baja toda la frustración a Ian, pero la forma, el tono, con que «por favor» sale de su boca, lo desarma por completo.
Solo la rodea con sus brazos, ella se aferra a él, lanzando la almohada lejos y la lleva a la cama.
—Por supuesto que sí, Andrea. Ven, métete aquí —abre las cobijas y la ayuda a acomodarse.
Ella lo ve rodear la cama con una elegancia impropia de un hombre que va con pijama. Se mete a su lado, pasa un brazo bajo su cabeza y Andrea se pega a su cuerpo dándole la espalda.
—Solo te advierto, no te asustes si… algo se pone más grande y duro, porque tengo mente de puerco y no se me ha olvidado lo que pasó ayer por la noche. Pero seré un caballero, lo prometo —ella se ríe y se pega más a él, como para provocarlo.
—No te culpo… a mí tampoco se me olvida. Así como tampoco puedo olvidar la manera en que me he sentido contigo desde que supe todo… me has protegido en dos días más de lo que él en estos tres años.
—Y lo seguiré haciendo, as