Se disculpa con la mujer y corre hacia el departamento, pero la puerta se cierra en su cara y se queda con los ojos abiertos, porque lo ha dejado afuera.
—Andrea… abre, por favor. No es lo que crees.
—¡¿Y cómo sabes lo que creo?!
—Es obvio, ¿no? Tus celos me dejan claro que piensas algo que no es.
—¡Eres un traidor, igual que el idiota de tu amigo! —por el grito, Ian sabe que está llorando y resopla con frustración, porque sus instintos protectores se disparan.
—Linda, por favor… ábreme la puer