El calor de los cuerpos aún persistía en la suavidad de las sábanas. Tras haberse entregado el uno al otro, el baño compartido había sido una tregua de calma antes de que la noche, ya entrada la una de la madrugada, los envolviera en un silencio sepulcral.
Jenny no lograba conciliar el sueño; el descanso prolongado durante el día la mantenía alerta. Acomodó su cabeza sobre el pecho de Leonel, un lugar que comenzaba a sentirse como su único refugio, brindándole una paz que no sabía que necesit