Al día siguiente, Jenny obedeció la orden de Moisés, impulsada por el deseo natural de estar cerca de su primo. Se dirigió hacia la residencia de este y, tras entrar, la ama de llaves le indicó que esperara en la sala mientras Moisés concluía unos asuntos en su despacho.
La mansión estaba sumida en un silencio solemne hasta que el timbre anunció una visita. La ama de llaves abrió la puerta y, al reconocer al amigo de Moisés, le permitió el paso sin dudar.
Leonel entró con una presencia que