Mientras tanto, en el aire, Dominic Viasov permanecía sentado en el cómodo sillón de su avión privado, observando por la ventanilla mientras esperaba que las horas transcurrieran. Llevaba consigo una información que estaba a punto de cambiar la vida de Stefan Dragomir para siempre.
Tras un viaje de dos horas, la aeronave aterrizó directamente en el helipuerto de la azotea del imponente edificio de la corporación Dragomir.
En su despacho, Stefan ya lo aguardaba. Había recibido la notificació